J.S. Alvarez
Solo una chica viviendo en mundos imaginarios
martes, 10 de febrero de 2015
La regla
Era sábado al fin. Cuando ella despertó no había otra cosa que ocupara su mente más que él. Al fin había llegado el día en que conocería la persona que por la cual había desarrollado fuertes lazos afectivos, el hombre que tanto le intrigaba, y por el cual acababa de cometer una de las más grandes locuras de su vida. Al fin lo vería al él, y por ese momento todo valdría la pena. El tiempo transcurría de manera lenta, era un frío sábado de enero, las calles se encontraban parcialmente desoladas como era de imaginarse en un día como ese, en el cual las personas no suelen madrugar. ¿Pero cómo Diablos podría dormir ella, si estaba a punto de verle? No ya no podía seguir durmiendo, porque su sueño estaba punto de hacerse realidad.
Tan pronto como logro incorporarse a la realidad, tomo sus ropas de aquel desaliñado closet, vistió rápidamente lo primero que llego a sus manos, y alentó a su mejor amiga a hacer lo mismo. Tenía que tomar el primer autobús que le llevara a la gran ciudad, ya no había tiempo que perder. Así pues ambas chicas salieron a toda prisa, con rumbo a la central, y como si fuese cuestión de suerte, Aquella tonta joven ilusionada subió al camión que creyó la llevaría a su destino sin pensar en nada más.
El viaje transcurrió de la manera más tranquila posible, sin embargo para ella los minutos eran eternos. Escuchaba el sonido del reloj pasar lentamente, ese tick tock que no tenía fin. Creía que en cualquier momento se volvería loca, no tardaría mucho para eso, sus ansias eran grandes, muy grandes, como la ilusión que guardaba dentro de ella. Pero entonces, antes de que su cordura llegase a su fin, el camión en el que viajaba, había arribado al lugar que tanto anhelaba. Así que rápidamente salió de su asiento y tomo su equipaje y sus sueños y se dirijo a toda prisa a su hotel. Tenía que arreglarse. Debía deberse impecable cuando el llegará. Quería verse linda solo para él.
Corrieron a penas unos pocos segundos, cuando el teléfono por fin rompió el silencio de la soledad en la que se encontraba en aquel alejado cuarto de hotel lejos de su hogar. Cuando contestará seria la voz de su amado la que sonaría atreves del auricular para anunciar que el momento estaba cerca. Que al fin acontecería lo que tuviese que pasar. Precipitadamente tomo el teléfono en sus manos, y tras una breve conversación tomo todo cuanto pudo, y marchó hacia al lobby con el corazón lleno de alegría y una sonrisa tonta recorriendo sus suaves labios carmesí.
Cuando lo vio sintió un extraño calor recorrer todo su cuerpo, su pulso se aceleró sin más. Allí estaba el, a unos cuantos pasos, allí estaba la persona que había robado sus sueños por las noches, la que invadía sus pensamientos a cada momento del día. Allí estaba él, el hombre que jamás creía ya encontrar después de tantas decepciones en su vida. Él lo cambiaría todo. Porque él era diferente. O eso era lo que ella creía. Entonces él se acercó y la envolvió en sus brazos, y por un segundo el tiempo se detuvo completamente, ya no había nada más, ya nada ni nadie podría arruinarle ese momento. Todo era perfecto, justo como tantas veces lo había imaginado.
Caminaron juntos por un rato sin rumbo fijo, ella estaba extremadamente nerviosa, se sentía estúpidamente tonta, no quería arruinarlo, así que no paraba de hablar como era de costumbre en ella, cuando sus sentidos la abandonaban, y su razón la traicionaba. Trataba de acercarse cuanto podía a él. Quería sentir su piel en su piel, quería deleitar su aroma, disfrutar todo cuanto pudiese dé el. Así que sin más acerco su mano junto a la de él, y en un instante entrelazaron sus dedos, para ser parte de un mismo ser. Pero claro eso no duraría mucho. Las cosas buenas a veces no suelen durar demasiado. Quizás no para ella.
El día transcurría de manera rápida, cada vez que veía el reloj, parecía que los minutos se le esfumaban de las manos, y la distancia entre ella y el cada vez era más grande. Debía de hacer algo pronto si no quería perderlo, debía hacer algo para tranquilizarse y dejar de actuar como una adolescente estúpida y atolondrada. Pero por más intentos que hacía, las ideas no fluían en su cabeza, y sentía como a cada instante él se decepcionaba más de ella. Lograba ver en sus ojos, lo aburrido que estaba y la tortura que sentía de estar allí. Ella en el fondo, sabía que era así. Así que cuando su celular al fin sonó, sintió un tremendo alivio de no seguir lidiando con él, no por un rato, quería dejar de sentirse estúpida. Deseaba ser la mujer inteligente y segura que siempre había sido. La que no tenía miedo de arriesgar e intentar cosas, cuyos pensamientos profundos e intensos solían cautivar a más de uno. La que era una pecadora, pero también una santa, Picara pero inocente. Anhelaba tanto ser ella por un instante y dejar de sentir esa maldita inseguridad que la estaba carcomiendo por dentro. Pero en su interior sabía que ya era tarde y todo se había perdido, una gran decepción invadía su interior.
Con un último intento, reunió todo el valor que pudo, y al fin se atrevió a decir lo que realmente sentía, quería decirle que la besará, que la tocará que moría de ganas de estar junto a él. Pero entonces, cuando apenas sus labios gesticularon las primeras palabras que encontraron, cuando al fin logro pronunciar la palabra cita, su corazón se agito, y luego no hubo más nada.
-¿Cita? Dijo él, esto no es una cita. Así no lo llamaría yo, o bueno quizás solo lo sea para ti.
Tras el sonido de aquellas palabras el corazón de ella se quebró lentamente, el sonido del cristal rompiéndose lentamente al ser arrojado con fuerza hacia la pared y estrellarse fue lo más cercano que puede compararse con aquel instante. Entonces ella supo que aquello había sido una equivocación, que jamás debió de haber ido hacia aquel lugar. La decepción fue grande, muy grande, Enorme.
Y entonces supe, que jamás debí haberte buscado, Porque cuando un alguien quiere estar contigo hace hasta lo imposible porque las cosas sucedan. Pero cuando yo trataba de acercarme a ti, tu solo te alejabas más de mí, fue cuando lo supe, supe lo terrible que la estabas pasando, supe que todo había sido un error, y que yo solo era otra tonta chica más que conocías, sabía perfectamente la impresión que ahora tenías de mí, ya no había necesidad de preguntar más, porque tu mirada revelaba la verdad que tus labios eran incapaces de pronunciar.
Y ahora desde entonces, no soy otra que un cadáver viviente, quizás soy una dramática exagerada, pero al menos lo intente. Ahora puedo decir que es verdad siempre seré la regla, jamás la excepción. Jamás seré tu excepción…
domingo, 24 de agosto de 2014
Mi vida entre dos mundos
Hola a todos, mi nombre es Jessica S. Alvarez. Soy una joven escritora proveniente de México. La idea de crear este blogg, nacio a partir de la necesidad de compartir algunas de mis obras con ustedes los lectores, quienes espero que se conviertan con el paso del tiempo en amigos de mis escritos, y que ambos, iniciemos juntos una cordial relacion, viajando entre estos intensos mundos llenos de magia y fantasia que les ofresco el día de hoy.
Entonces amigos, los invito a que iniciemos juntos esta aventura
¿Me acompañan?...
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)